Y disfrutar cada día como si fuese el primero, y cada noche como si fuese la última...

jueves, 24 de marzo de 2011

¿Qué sería yo sin ti?

De nuevo, ese sentimiento agudo de vacío que daba relieve a los mitificados días de aquel verano, la protección de sus brazos, la única vez que tuve la impresión de formar parte de un todo.
¿Por qué el amor es una droga dura?
¿Por qué, amando, inflingimos tal sufrimiento?
La música de un organillo me devolvió un instante a la realidad. Reconocí la melodía de la bella película de Truffaut y me acordé del título de la canción: El torbellino de la vida...
Entonces ambos empezamos de nuevo.
En el torbellino de la vida
continuamos girando,
los dos abrazados,
los dos abrazados...
Es cierto, la vida es así...
Unas veces un torbellino que nos maravilla, como una vuelta de tiovivo durante la infancia.
Otras un torbellino de amor y de ebriedad, cuando se duerme uno en brazos del otro en una cama demasiado estrecha después de tomar el desayuno a mediodía porque se ha hecho el amor mucho tiempo.
Y otras un torbellino debastador, un tifón violento que intenta arrastrarnos hasta el fondo cuando, sorprendidos por la tempestad en una cáscara de nuez, comprendemos que estamos solos para hacer frente a la ola.
Y que tenemos miedo.

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